30.7.11

CUENTO
"VIAJEROS"

Capítulo I
El Hogar


Erase una vez, digamos hace cinco mil años en el pasado o tal vez en el futuro, en un universo diferente al nuestro, en una dimensión distinta, vivía una raza de seres conscientes, seres que eran tan puros y tan llenos de conocimiento que estaban en un estado de paz total. Su mundo era de una naturaleza distinta de la nuestra, era un mundo de luz. 


Estos seres llamados Shaligrams, vivían inmersos en un océano de luz rojo-dorada, nadaban en esta luz como peces en un mar de silencio, ya que en realidad estos seres habían alcanzado tal estado de armonía y satisfacción que no necesitaban en absoluto. Los Shaligrams no estaban hechos de carne y hueso como nosotros, sino que eran seres de luz. Y eran muy pequeños, de hecho a ti y a mí nos parecerían puntitos de luz, micro-estrellas. Y sin embargo, con los poderes de la mente, del intelecto y de la personalidad desarrollaron una absoluta perfección. De esta forma, la raza de los Shaligrams flotaba en su océano silencioso de luz con gracia y elegancia, como una constelación celestial.

No todos brillaban con la misma intensidad, algunos irradiaban extensos campos de energía y luz y otros destellaban débilmente. Los más poderosos formaban una especie de rosario creando un intrincado y maravilloso modelo algo parecido a un reluciente collar de diamantes.

Y en el centro estaban los Shaligrams más poderosos de todos. Estos seres emitían una increíble radiación de paz y armonía. Los demás Shaligrams se ordenaban de forma natural alrededor de este grupo central de pequeños centros de energía como si una fuerza magnética les uniera.

Y en el mismo corazón, en lo más alto del grupo de Shaligrams, habitaba el ser más increíblemente poderoso, luminoso y hermoso. Era tan radiante y tan constante, que todos los demás solo deseaban estar cerca de él. Había alcanzado un estado de conocimiento absoluto sobre el universo entero, es más, conocimiento de cada universo incluyendo el nuestro. El comprendía los secretos más recónditos del tiempo. Podía viajar instantáneamente a cualquier parte del espacio más remoto e incluso ir más allá. Conocía y comprendía el pasado, presente y futuro. Podía hacer literalmente todo lo que quería. La raza de los Shaligrams era la más poderosa de todas; si nos comparamos a ellos, los seres humanos seríamos simples monos.

Al mismo tiempo, el guía de los Shaligrams era totalmente benevolente. No tenía ni la más mínima intención de hacer daño. De hecho, su única meta era cuidar de que el universo funcionase pacíficamente y cuando se desordenaba, actuaba rápidamente para devolverlo a su estado original. El nombre de este ser, que era supremo entre todos, era Shiv Vah. Y todos los demás Shaligrams le consideraban como su Padre. Todo transcurría tranquilamente y en un perfecto orden en este mundo de luz, pero llegó un momento en que un Shaligram y luego otro, decidieron que este hogar ya no les estimulaba más. A ese mundo de espíritu puro, donde se interrelacionaban a un nivel incluso más allá del pensamiento, le faltaba una cosa solamente: distracción, cambio y felicidad. Así, uno de los más fuertes de la raza se comunicó con el Padre Shiv Vah: “Quiero explorar otro mundo”, dijo el hijo. “Déjame llevar a otros conmigo y así colonizaremos otras dimensiones más lejanas. Deseamos tener esta experiencia”. “Dulce hijo, ¿a dónde vas a ir?”, preguntó Shiv Vah divertido. “No lo sé. Pero debe haber un mundo que merezca la pena explorar. Aquí tenemos paz, pero hemos llegado a un punto en que nos hemos olvidado de lo que es la experiencia, de lo que es construir de nuevo desde el principio. Esto es lo que deseamos. ¿Existe algún lugar con el material, el potencial y el ambiente apropiado?”. El Padre pensó un momento, sabiendo ya lo que iba a pasar. Y en esta pausa de un segundo midió las fronteras de la eternidad en su mente oceánica y dijo: “Sí”. “Tus deseos sólo pueden satisfacerse en un mundo físico con estrellas y planetas”, Shiv Vah continuó. “La mayoría de los mundos están vacíos, su fin es mantener el equilibrio del universo. Pero hay un lugar, un planeta en el espacio más remoto, una gema que tiene toda la belleza que pudierais pedir. Verdaderamente lo podéis convertir en un mundo de felicidad. Id pues hijos míos, id en un número suficiente para establecer una colonia. Necesitaréis fabricar materiales cuando lleguéis allí. Id y experimentad vuestra felicidad. Os lo habéis ganado. Y si algo va mal, llamadme y os ayudaré en lo que pueda”. Los hijos que estaban más cerca resplandecían de dicha. Inmediatamente organizaron un grupo de novecientos mil viajeros fuertes para colonizar el lejano planeta. El grupo iba a ser dirigido por el hijo que había pedido marcharse y por otro ser que estaba junto a él y que también brillaba con resplandor y valentía. Tenéis que saber que los Shaligrams eran una raza tan avanzada que no necesitaban ninguna embarcación física en la que viajar. Simplemente, por medio del poder de su pensamiento altamente desarrollado, se alejaron del mundo de luz hacia una nueva y extraña dimensión. Era el comienzo de una larga odisea llena de aventuras donde los viajeros no volverían a su hogar de paz por un largo, largo tiempo.



Capítulo II
El Reino


Los Aa Ta Mahs (o viajeros) volaron en formación de V a través del océano de luz y entraron en una región de blanca transparencia realzada por fenómenos visuales de todas clases. Esta era una región mágica que ellos conocían y que les servía de paso entre las dimensiones. Siguieron volando y entraron en el mundo del espacio. Una vez allí el viaje se hizo corto a pesar de que quedaban todavía millones de kilómetros para llegar a su destino, un planeta de tamaño mediano muy parecido al nuestro, con la diferencia de que este planeta era virgen. Mares de un azul profundo, islas con una exuberante vegetación y flores de una belleza inimaginable. En este planeta solamente había un continente, rodeado de un océano y debido al ángulo de los ejes del planeta, siempre era primavera en esta extraordinaria masa de tierra. A medida que los Shaligrams volaban en órbita alrededor de su nuevo mundo, explorando sus nuevos y maravillosos aspectos, se dieron cuenta de que era mucho mejor de lo que jamás hubieran podido soñar. ¡Era verdaderamente un paraíso!

El oro parecía ser el mineral más corriente y los diamantes recubrían el suelo en elegantes dunas. Los ríos discurrían suavemente a través del corazón del país. La temperatura era moderada. El planeta giraba, originando un ciclo de día y noche. Todo era muy hermoso y entonces decidieron ir a tierra inmediatamente. Pero todavía quedaba el problema de la supervivencia una vez dentro de las fronteras del planeta. Ya que la influencia de la atmósfera les impedía funcionar como lo hubieran hecho en su mundo. La comunicación telepática era más difícil allí y sus facultades de transmisión mental no funcionaban con los elementos de la materia como ocurría en su mundo de luz. Para poder actuar allí abajo necesitaban trajes espaciales. ¿Pero, cómo los conseguirían? Parecía una idea imposible, ya que necesitarían de otros trajes para poder producirlos. Esta fue la primera de entre muchas dificultades con que se encontraron. ¿Por qué no habían pensado en este problema antes de marcharse? Claro, se dieron cuenta de que habían dependido de que Shi Vah les diera a conocer tales cosas y que El no había hablado de ellas. De todas formas, no les quedaba otra solución que bajar y ver lo que se podía aprovechar del ambiente natural. El jefe de la expedición bajó el primero.

Sin embargo, antes de que entrara en la atmósfera del aire sintió una llamada, una invitación mental que le era familiar y que ya había sido recibida otras veces de sus compañeros, los Shaligrams del hogar. Siguió la línea del pensamiento hasta su origen.

Allí, en la superficie del planeta, vio a dos Shaligrams irradiando hacia él. Los dos llevaban trajes espaciales y habían preparado otro para él. El viajero, cuyo nombre era Kri Sha Nah, se puso el traje y empezó a hacer muchas preguntas.

“¿Qué hacéis aquí?”, preguntó Kri. “El Padre Shi Vahj se acordó que necesitaríais estos trajes, así que nos envió a un grupo por delante para que fabricáramos estos vestidos para vosotros. Nosotros regresaremos pronto a casa”.

“Habéis escogido un lugar excelente para colonizar. Ya os hemos construido varias casas usando el material más corriente, que es el oro puro”.

Cuando Kri Sha Nah se acostumbró a su nuevo traje espacial, empezó a recorrerlo de un lado para otro. La vestimenta era como un robot, pero mucho más hermoso y más lleno de vida. El traje tenia la forma de un cuerpo muy parecido al nuestro, con la excepción de que estaba hecho de los elementos más puros y no tenía enfermedades. Tenía dos ojos igual que nuestro cuerpo y la cabina de control donde se sentaba Kri estaba situada en la frente, entre las cejas.

También había una computadora maravillosa en la cabina de control y con ese instrumento Kri podía hacer funcionar el traje-robot según sus deseos. Pronto aprendió a guiarlo con delicadeza y elegancia.

Los otros viajeros también vinieron al planeta y también se les dio uno de esos vehículos para que lo manejaran y pudieran actuar. Los Shaligrams necesitaban estar dentro de sus vehículos si querían permanecer en el campo de influencia del planeta. Pero como estos vehículos eran tan fascinantes y muy cómodos, nadie se quejó en absoluto. En realidad el poseer estos vehículos espaciales hechos de materia se estaba convirtiendo en lo mejor de toda la expedición. Ya que los cuerpos les permitían experimentar como nunca antes lo habían hecho. Kri se dirigió a otro Shaligram, el que era el segundo en el mando, cuyo nombre era Laak Sha Mi y le dijo: “Nos quedaremos aquí. Este mundo es verdaderamente celestial. Aprenderemos a producir más vehículos usando nuestro poder mental e invitaremos a otros hermanos para que vengan con nosotros. Esto se convertirá en una gran colonia”.

“¿Qué nombre le daremos a nuestro nuevo hogar?”, preguntó Laak Sha Mi. “Le llamaremos a este mundo Ba Haarat”, contesto Kri, ya que el nombre sonaba melodioso en el aire y disfrutaba haciendo que su nuevo cuerpo-robot formase los sonidos. Todos estuvieron de acuerdo en que este era el nombre perfecto. Kri y Laak, como eran los más poderosos y amables de los Shaligrams, continuaron en su posición de guías y gobernaron conjuntamente. Ya que todos permanecían en su estado eterno de paz y armonía se dedicaron a sus tareas con alegría y con la satisfacción más elevada. Se edificaron palacios y naves espaciales que se manejaban con el poder del pensamiento. Estos seres superinteligentes crearon equipos tecnológicos para toda clase de necesidades. Jugaban todo el día usando sus nuevos computadores. Todos los viajeros participaban en estos juegos.

Jugaban con palabras y a ese juego lo llamaron “poesía”, a los juegos con los sonidos lo llamaron “música” y a los juegos con sus vehículos lo llamaron “danza”. Muy pronto dedicaron su vida a estos juegos.

Cuando miraban al sol durante el día se acordaban de su padre Shi Vah y por la noche, cuando contemplaban las estrellas evocaban a sus hermanos que todavía vivían en la lejana morada de la luz. Por ello, con estos recuerdos siempre amorosamente presentes en los cielos, nunca se sintieron solos.

El grupo crecía entre sonrisas, belleza y perfección. Verdaderamente habían conseguido lo que se habían propuesto encontrar: LA FELICIDAD.

Al principio, Kri Sha Nah y Laak Sha Mi se aseguraron que todos los del grupo estuvieran bien atendidos. Cuando estuvieron satisfechos de ver que sus hermanos hacían lo que tenían que hacer y de que todos eran extremadamente felices con su suerte, empezaron a producir otro traje espacial para invitar a otro hermano de la morada de la luz a bajar para ver la clase de felicidad que tenían.

Descubrieron que era necesario el poder mental de los dos para crear un nuevo traje espacial y que éste tendría que tomar forma gradualmente dentro del traje del hermano Laak.

Al asumir Laak este aspecto de la procreación llamó a su vestimenta “mujer”. Cuando estuvo preparado el nuevo traje, mandaron un pensamiento-onda de gran energía hacia las dimensiones de su morada y muy pronto uno de sus hermanos que estaba muy deseoso de agregarse a ellos apareció y tomo posesión del vestido.

El nuevo hermano miró a su alrededor con asombro y dijo: “Es realmente un palacio donde vivís”.

Laak rió alegremente. “Este palacio es el pequeño solamente. Estas dentro de mi traje espacial. Cuando salgas verás el palacio que hemos construido aquí para nosotros. Pero no hay prisa. Quédate una temporada en mi vehículo y hazme compañía”.

Mientras tanto, Kri organizaba animadas excursiones a las islas de los alrededores. El grupo volaba con las máquinas voladoras que habían construido en forma de cisnes dorados y exploraban este mundo fascinante del que se habían convertido en dueños y señores. Kri recibió el titulo de Na Rah Yan que significaba el emperador. Laak fue nombrada emperatriz. Un siglo más tarde los trajes del emperador y la emperatriz se gastaron y los cambiaron por unos nuevos, a los que tuvieron que reeducar para poderlos usar con la misma habilidad. Y así dejaron a otros hermanos que tomasen el cargo de emperador y emperatriz, ya que ahora habían muchos hermanos cualificados para hacerlo.

Cuando uno de los trajes-cuerpo que llevaban empezaban a perder su funcionalidad, generalmente a partir de los ciento cincuenta años, el Shaligram que lo habitaba se sentaba tranquilamente y a través del poder del pensamiento saltaba rápidamente a un cuerpo recién hecho, dentro de otro vehículo. Después quemaban el traje viejo abandonado y puesto que el nuevo cuerpo-vehículo era mejor que el desechado, nadie echaba de menos el viejo, ni temía tener que abandonarlo.

Y así siguió una vida llena de felicidad año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio. Cada vez más Shaligrams del mundo de la luz recibían ondas-pensamiento de sus hermanos en el reino, invitándoles a descender al planeta para disfrutar con ellos de los acontecimientos. Y así la población crecía uniformemente, desde novecientos mil al principio hasta casi trescientos treinta millones. Ahora los palacios se tenían que construir con menos elaboración y se usaba la plata en vez del oro.

Finalmente, habían muchos reinos pequeños en lugar de uno grande, pero todos estaban unidos y en paz bajo el gobierno benevolente del emperador.

Y nadie daba importancia a los trajes espaciales, ya que todavía estaban acostumbrados a sentirse Shaligrams, a pesar de que ya no se podían ver en la forma pura de luz que habían poseído tiempo atrás en su morada original. El llevar vestimenta se había convertido en una segunda naturaleza para ellos. Era agradable, pero ya no era algo nuevo. Y así no estaban tan entusiasmados con ellos como al principio del reino.


Capítulo III
El Cambio


Un día, unos dos mil quinientos años después de la fundación de la colonia original, se produjo un acontecimiento que haría tambalear el buen orden de paz y felicidad que había reinado durante tanto tiempo.

Vi Karum, uno de los gobernantes de aquel tiempo, llamó a uno de sus hermanos: “Este vehículo que utilizas es muy hermoso”, le dijo a su hermano cuya forma pertenecía a la variedad femenina. “Me gustaría tocarlo”. El hermano se rió “¿Cómo lo podrás tocar? ¿Acaso saldrás de tu propio vehículo para hacerlo?”.

Vi Karum sonrió. “No, claro que no. Pero déjame tocarlo con las manos de mi vehículo”. Y después de esto, la atención de Vi Karum se concentró más y más en el vehículo de un hermano. Simplemente adoraba su estilo, su forma, su movimiento, su color y decoración. El hermano se entristeció al ver lo que estaba ocurriendo. Vi Karum ya no le prestaba atención. Solamente quería hablar de vehículos. Quería ver como obraba la envoltura: “¿Qué temperatura tiene? ¿Cuán duro o blando es?”.

“Que tonto”, le reprendió el hermano. Un pequeño detalle, pero era la primera reprimenda jamás pronunciada por un Shaligram en toda su historia de vida común en Ba Haarat.

“De todos modos, este vehículo mío es superior”, replicó Vi Karum. Y ésta fue la primera expresión de arrogancia que se recordó siempre en todo el reino. En su fuero interno, Vi karum no quería cambiar su forma por otro, porque no sabia como seria el nuevo que tenia que recibir. Y de este modo irrumpió por primera vez el apego. “Mas vale conseguir el máximo de experiencias con este vehículo mientras lo tenga”, dijo Vi Karum un día, en su preocupación por el futuro. Y esto fue el principio de la codicia. Por desgracia, Vi Karum no era el único que empezaba a tener estos nuevos y terribles pensamientos. Los Shaligrams parecían repentinamente cansados, ya no jugaban tanto como solían hacer. Empezaron a interesarse más y más por estos trajes o vehículos espaciales. Hasta aprendieron a dejar que los vehículos fuesen dirigidos por un piloto automático mientras ellos dormían dentro.

Y pronto, el juego favorito fue jugar con sus vehículos simplemente para sentir el efecto de las sensaciones que registraba la computadora. Pero tenían menos y menos contacto directo entre ellos. Los Shaligrams se olvidaron completamente de su telepatía.

Y un día ocurrió. Un vehículo, mientras estaba con el piloto automático, habló a otro sin que el Shaligram de su interior le hubiese inducido a ello. La computadora había tomado el mando y el Shaligram se encontró atrapado irremediablemente en su interior. Los vehículos empezaron a reorganizar la sociedad, uno tras otro ocupaban el lugar de sus debilitados gobernantes; estos eran los Shaligrams que habían estado alejados del hogar durante demasiado tiempo y ahora les faltaba el poder de concentración necesario para reafirmar su dominio sobre la materia, los cuerpos habían usurpado el poder.

Las computadoras del cerebro deseaban incrementar las sensaciones de placer que habían aprendido a registrar y con este fin dieron máxima prioridad al contacto con otros cuerpos. Los Shaligrams estaban demasiado confundidos por la masiva forma de poder para reaccionar. Cuando intentaron reafirmar su autoridad, empezaron a actuar con codicia, ira y arrogancia y como resultado, se produjo un conflicto, la hermandad estaba rota y el reino resquebrajado. La explosión del poder mental destructivo fue tan demoledora que el continente sobre el cual se encontraban se abrió bajo sus pies, dividiéndose en seis o siete continentes menores. Los palacios cayeron en la orgía de los desastres naturales, el equipo tecnológico fue destruido, el pueblo empobrecido, excepto para una pequeña parte restante del lugar original de la colonia. Estos seres encarnados, repentinamente recordaron a su Padre durante tanto tiempo olvidado y que vivía en una dimensión lejana; el Inmortal, Todopoderoso Shi Vah. Empezaron a llamarle y entonces El les mando un mensajero.

“¿Queréis volver a casa?”, preguntó el mensajero. “En realidad nos gusta esto”, contestaron, “pero quítanos nuestro sufrimiento, esto es lo que nos gusta”. Los Shaligrams hasta se habían olvidado de que eran Shaligrams; habían empezado a identificarse con los cuerpos en los que residían. Se habían convertido en sonámbulos.


Capítulo IV
La Creciente Oscuridad


A medida que transcurría el tiempo, más y más Shaligrams bajaban del mundo de la luz al planeta. Se habían enterado de los placeres que encontrarían allí, pero no eran conscientes de los problemas que estaban ocurriendo. También se hicieron cuerpos para ellos, pero ahora se hacían con la energía física en vez del poder mental, ya que este se había perdido.

Muchos de los recién llegados eran apreciados por los demás, ya que aun poseían una reserva de poderes todavía intacta, mientras que los que hacía tiempo que estaban aquí ya habían usado gran parte de su energía. Los nuevos recordaban a los viejos colonizadores como eran las cosas en su morada original. Pero muchos no se sentían conmovidos; habían estado demasiado tiempo en el planeta y se habían arraigado a sus costumbres.

Sin embargo, un buen número de los recién llegados estaban horrorizados. La vida no era en absoluto como ellos habían esperado. Ya no quedaba ciencia ni tecnología, porque todo eso había sido destruido y hasta olvidado. Los habitantes en todas las partes eran muy pobres. La misma naturaleza se había vuelto más cruel. La primavera había empezado a cambiarse por otras estaciones; el invierno era bastante duro. También ahora, en lugar de un reino, había muchos grupos y culturas aislados, varios de los cuales hasta se habían olvidado de la existencia de los demás.

Escribieron sus memorias colectivas sobre como eran las cosas en la Edad de Oro y las leyendas de cada grupo eran naturalmente similares, pero nunca se juntaron para comparar sus escritos y de esta forma continuó el desarrollo aislado.

Cuando un Shaligram particularmente fuerte, bajaba de la otra dimensión con un mensaje de Shi Vah, los otros se veían muy afectados y así se crearon muchas ideas sobre este Padre lejano. Le llamaban I Shu Var o Ja Hu Ban y le adoraban de diferentes maneras. Estaban seguros de que El podía verlo y oírlo todo y comprendieron que El no poseía cuerpo como ellos, pero el lugar de su morada se había convertido en un misterio. Ya no podían entender como se podía vivir sin una forma.

Pronto, el grupo que se había quedado en el lugar original del primer imperio, empezó a crear imágenes de sus primeros dirigentes. Ahora creían que estos reyes y reinas pertenecían a una raza de seres superiores y más poderosos, los cuales en otra época, habían gobernado el planeta con facultades sobrenaturales y que aun podían determinar telepáticamente los acontecimientos en este mundo desde otras estrellas o regiones. En algún momento en el tiempo volverían otra vez.

En ciertos edificios, en donde se erigían las estatuas de estos ídolos, se suponía que uno debía cantar sus alabanzas y dar otras evidencias de veneración, para así ganar sus favores y ayuda. El nombre de Kri Sha Nah se hizo famoso y a menudo se le oía en canciones. Pero ya nadie recordaba quien era el hijo Shaligram que había habitado dentro del voluminoso traje-cuerpo espacial. Ya que habían olvidado por completo que eran Shaligrams.

Algunos de los que estaban más horrorizados por el rumbo que tomaban las cosas, abandonaron las colonias y empezaron a vivir en los bosques. Allí pasaban el tiempo en silencio y muchas ideas empezaron a surgir en sus mentes, ideas que eran muy profundas. “Tenemos almas”, se decían los unos a los otros, “no somos simplemente cuerpos”. “¿Y qué es un alma?”, otro preguntaba. “No estoy seguro, pero no es ni esto ni aquello”.

La conversación iba evolucionando. Más adelante, alguien sugirió: “Quizá el alma sea idéntica al Ser Supremo I Shu Var”. “Claro”, otro asintió. “¡Tiene que ser así. El alma es I Shu Var. Estamos buscando al Ser Supremo!”.

Una vez que esta idea echó raíces, las cosas empezaron a cambiar con mucha rapidez. Muchos creían estar cerca de I Shu Var y conocer su voluntad. Los habitantes empezaron a decir que El deseaba que ellos conquistasen la colonia vecina. Y que si morían luchando contra los malvados vecinos estaría complacido. Y que El condenaba a los no creyentes.

Muchos colonizadores estaban convencidos de todo esto y seguían a los que proponían estas ideas. ¡Y enseguida se les persuadía para entrar en los ejércitos en el nombre del Padre de los Shaligrams! Sabían tan poco acerca de sus verdaderas intenciones. El lema era: “El Gran Padre os necesita”.

Y las guerras se multiplicaban a medida que estas falsas creencias se propagaban. También, a medida que los colonizadores destruían sus trajes espaciales en número cada vez mayor, al mismo tiempo, los trajes habían empezado a multiplicarse de forma cada vez más rápida para proveer sustitutos. Cada vez que un Shaligram era forzado a abandonar su traje, volvía a darse cuenta de su verdadera identidad como punto de luz. Pero para entonces ya estaba tan apegado a su forma de vida física, que inmediatamente se olvidaba de la verdad al entrar en un nuevo cuerpo. Era bastante extraño, todos estos puntitos de luz pensando que eran esos grandes vehículos de materia y dedicando todo su tiempo a que sus cuerpos estuviesen satisfechos. Pero los Shaligrams, inconscientes de su cuerpo, se apegaron más y más a estos placeres sensoriales y se enfadaban más y más cada vez que estos se veían amenazados. Y se volvían más y más ansiosos de riqueza. De este modo sus sociedades crecían en la corrupción. Los que venían del mundo de la luz lo hacían en cantidades cada vez más grandes. Todos querían ver que era lo que atraía a los otros a participar en el gran drama que ellos sabían se estaba desarrollando allí abajo. Pronto el mundo de luz quedó vacío sin sus habitantes. Sólo quedaba el Dirigente Supremo de los Shaligrams, Shi Vah. El estaba esperando el momento preciso en que debía entrar en acción.


Capítulo V
El Final de la Función


Ahora el planeta estaba terriblemente superpoblado. Casi cinco billones y medio de Shaligrams se habían instalado allí, viviendo en cuerpos cuya fabricación era cada vez menos perfecta. Duraban menos tiempo y estaban sujetos a enfermedades y deformaciones.

Los habitantes, principalmente los recién llegados, habían reconstruido el conocimiento científico y tecnológico perdido y con su ayuda muchas colonias se vieron libres del aislamiento y contactaban entre ellas de muchas formas. Pero en vez de promover la amistad se volvieron más y más competitivos. Las guerras se extendieron por todo el planeta y el nuevo conocimiento científico fue usado para crear terribles armas que servían para destruir los vehículos de los demás. Ya nadie hablaba del alma. Pensaban que cuando el cuerpo ya no funcionaba “se moría”. Ya no sabían nada del Shaligran que vivía dentro. Así de impuros habían llegado a ser estos pequeños seres. Y a medida que las cosas de primera necesidad empezaron a escasear para toda esta vasta población, comenzaron a odiarse más y más. Habían cada vez menos riquezas en el suelo, es decir, combustible para alimentar a las máquinas voladoras reinventadas y a las nuevas sillas que rodaban y se deslizaban haciendo ruido y en las cuales los habitantes iban de un sitio para otro tan rápido como el viento. La naturaleza se negaba a mantenerlos. Todos sus placeres egoístas se veían amenazados. Por eso querían matar. No podían imaginar otras soluciones en el planeta superpoblado. Se crearon armas que les permitían matar de forma muy eficiente. La vida se había convertido en un infierno. Los que seguían a un mensajero de Shi Vah detestaban a los que seguían a otro mensajero. Y ya que los vehículos-cuerpo eran de distintos tipos, los que tenían vehículos blancos odiaban a los que tenían vehículos negros. Los que vivían en una colonia aborrecían a los que vivían en otras. Los que tenían el vehículo con forma masculina oprimían a los hermanos que habitaban vehículos del tipo femenino. Todo el mundo se preocupaba tan solo de realizar sus deseos por cualquier medio posible. El planeta estaba totalmente en guerra. De un jardín de flores se había convertido en una selva de espinas.

Pero había unos pocos Shaligrams que conservaban profundamente en sus memorias la intuición de como habían sido las cosas en otro tiempo. Recordaban inconscientemente, que en otros tiempos había habido paz universal y perfecta armonía. Sabían intuitivamente que en alguna parte, existía alguien que podía purificar este sucio mundo y devolverlo a su más alto estado de felicidad. ¿Pero, quíen era ese alguien?, ¿y dónde estaba ahora?

El hijo Shaligram que había sido el primer emperador de aquella lejana Edad de Oro, que desde entonces había tomado ochenta y cuatro cuerpos y había olvidado su identidad original, pasaba la mayor parte de su tiempo delante de cuadros de Nah Rah Yan, el primer emperador, que fue el mismo en su primera encarnación, pero que no lo recordaba. Adoraba a esta imagen pensando que era el Padre Supremo de los habitantes del planeta. Vivía una vida tranquila, dedicado a su culto y a hacer felices a los demás. Constantemente pensaba en el Padre Supremo, preguntándose cuando aparecería. ¿Durante cuánto tiempo más continuaría esta desgracia? Seguramente no para siempre. Ni siquiera cien años más y ya no hablemos de mil o cuarenta mil.

A medida que las cosas empeoraban más y más, las guerras y la muerte por hambre eran una cosa corriente. La naturaleza se había vuelto más cruel, arrojando terremotos e inundaciones en venganza a los habitantes que habían contaminado sus elementos. Los colonos llamaban a su Padre para que les salvase. Sus llamadas fueron escuchadas.

Shi Vah supo que al final le llamaban de verdad, que ahora era el momento de intervenir. Los viajeros tenían ya bastante. Querían volver a casa pero estaban atrapados en sus trajes.

Así, el Padre decidió ir a buscarles, enseñarles otra vez a volar y llevarles a todos sanos y salvos al océano de la paz.

Cuando llegó el momento propicio, Shi Vah descendió a la tierra como un cohete. Entró en el cuerpo del hijo que había permanecido fiel y que había sido el más puro durante su larga estancia en la tierra. Se sentó al lado de su hijo en la cabina de control entre las dos cejas.

“Hola” dijo, “soy Shi Vah” y el Ser Supremo elevó al pequeño Shaligram fuera de su cuerpo, enseñándole su verdadera forma . Shi Vah empezó enseñando al hijo a volar otra vez, a ser puro otra vez como el Padre. “Simplemente recuérdame”, dijo Shi Vah “conseguirás la perfección una vez más y volarás victorioso a la morada de la luz”.

Pronto corrió la voz de que Shi Vah había venido realmente. Muchos acudieron a escucharle. Como Shi Vah no tenía cuerpo propio tomó prestado el de este primer hijo, al que llamó Brah Ma y habló a través de su boca. Y los Shaligrams, uno tras otro, ¡volvieron a ser conscientes!

En pocos años se extendió por el planeta el mensaje de que el Padre había venido para llevar a todos al hogar. Algunos no lo creyeron porque estaban demasiado perdidos en la ignorancia de la conciencia de su cuerpo, otros renacieron al oír el conocimiento de su verdadero “ser”.

Al mismo tiempo que el planeta recibía el mensaje verbalmente, los hijos renacidos empezaron a tener visiones. El antiguo Paraíso les vino a la mente; la liberación de sus cuerpos que Shi Vah había venido a darles; la visión del ser como un minúsculo punto de luz de otro mundo y del ciclo completo de éste.

“He estado aquí anteriormente”, dijo Shi Vah a sus hijos. “Vine hace cinco mil años a restituir el Paraíso sobre este planeta y volveré, cada vez que lo requiera mi papel en este drama ilimitado. Ahora ha llegado el momento de despojaros de vuestros trajes y de regresar al hogar, la función ha terminado”.

Pero el mal había alcanzado su punto culminante y una guerra a nivel planetario había empezado entonces, justo cuando los habitantes habían reconocido que el Padre había llegado realmente. Objetos metálicos voladores cayeron sobre las superpobladas ciudades y colonias enteras quedaron reducidas a cenizas. Guerras civiles destruyeron otras colonias. Inundaciones, terremotos y otros desastres naturales acabaron con el resto. Tan sólo quedó un reducido grupo. Y por fin los Shaligrams fueron liberados de sus prisiones corporales. Todos siguieron a Shi Vah volando en formación hacia la morada al fin libres.


Epílogo
La Paz no es Suficiente


Los Shaligrams volvieron a vivir en su resplandor inmóvil en el océano de paz. Destellaban con gran luminosidad y todos formaron un círculo alrededor del Padre, el cual estaba dichoso de tenerlos en casa otra vez. Pronto olvidaron que habían estado lejos del hogar. Ninguno de los hijos Shaligrams recordaba ya los turbulentos acontecimientos del pasado. Parecía que habían estado flotando eternamente en este océano de silencio inmóvil y sereno.

Y entonces un hijo pensó: “Esto no es bastante. Deseo felicidad. Quiero explorar otro mundo”. El Padre miró amorosamente a su hijo leal. Y después de una pausa de tan sólo un segundo, El dijo “SI”.

Dedicado a todas las almas valerosas que buscan la verdad sin miedo a los obstáculos de la ignorancia.

OM SHANTI