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19.8.11

"ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA"

(Cap. 10 de "La Doctrina Secreta de Anahuac" del Maestro Samael Aun Weor)

   Como quiera que los Estudios gnósticos han progresado extraordinariamente en estos últimos tiempos, ninguna persona culta caería hoy, como antaño, en el error simplista de hacer surgir a las corrientes gnósticas de alguna exclusiva latitud espiritual.
 
   Si bien es cierto que debemos tener en cuenta en cualquier Sistema gnóstico sus elementos helenísticos orientales, incluyendo Persia, Mesopotamia, Siria, India, Palestina, Egipto, etc., nunca deberíamos ignorar a los principios gnósticos perceptibles en los sublimes cultos religiosos de los Nahoas, Toltecas, Aztecas, Zapotecas, Mayas, Chibchas, Incas, Quechuas, etc., etc., etc., de Indo América.
 
   Hablando muy francamente y sin ambages diremos: La Gnosis es un funcionalismo muy natural de la conciencia, una "Philosophia perennis et universalis".
 
   Incuestionablemente, Gnosis es el conocimiento iluminado de los Misterios divinos reservados a una élite.

   La palabra "Gnosticismo" encierra dentro de su estructura gramatical la idea de sistemas o corrientes dedicadas al estudio de la Gnosis.

   Este Gnosticismo implica una serie coherente, clara, precisa, de elementos fundamentales verificables mediante la experiencia mística directa: La Maldición, desde un punto de vista científico y filosófico. El Adam y Eva del Génesis hebraico. El Pecado Original y la salida del Paraíso. El Misterio del Lucifer Náhuatl. La Muerte del Mí mismo. Los Poderes creadores. La esencia del Salvator Salvandus. Los Misterios sexuales. El Cristo Íntimo. La Serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. El descenso a los Infiernos. El regreso al Edén. El Don de Mefistófeles.

   Sólo las Doctrinas gnósticas que impliquen los fundamentos ontológicos, teológicos y antropológicos arriba citados, forman parte del Gnosticismo auténtico.
 
   Pre-gnóstico es aquél que en forma concreta, evidente y específica, presenta algún carácter en cierta manera detectable en los sistemas gnósticos, pero integrado ese aspecto en una concepción “in toto” ajena al Gnosticismo revolucionario. Pensamiento que ciertamente no es y sin embargo es gnóstico.

   Proto-gnóstico es todo sistema gnóstico en estado incipiente y germinal, movimientos dirigidos por una actitud muy similar a la que caracteriza a las corrientes gnósticas definidas.
 
   El adjetivo "gnóstico" puede y hasta debe ser aplicado inteligentemente tanto a concepciones que en una u otra forma se relacionen con la Gnosis como con el Gnosticismo.
 
   El término "gnostizante", incuestionablemente se encuentra muy cerca a pre-gnóstico por su significación, ya que el vocablo, en realidad, “stricto sensu”, se relaciona con aspectos intrínsecos que poseen cierta similitud con el Gnosticismo Universal, pero integrados en una corriente no definida como Gnosis.

   Establecidas estas aclaraciones semánticas, pasemos ahora a definir con entera claridad meridiana al Gnosticismo.
 
   No está de más en este Tratado aclarar en forma enfática que el Gnosticismo es un proceso religioso muy íntimo, natural y profundo.
 
   Esoterismo auténtico de fondo, desenvolviéndose de instante en instante con vivencias místicas muy particulares, con Doctrina y ritos propios.
Doctrina extraordinaria que fundamentalmente adopta la forma mítica y, a veces, mitológica.

   Liturgia mágica inefable con viva ilustración para la Conciencia superlativa del Ser.

   Incuestionablemente, el Conocimiento gnóstico escapa siempre a los normales análisis del racionalismo subjetivo.
 
   El correlato de este Conocimiento es la intimidad infinita de la persona, el Ser.
 
   La razón de ser del Ser es el mismo Ser. Sólo el Ser puede conocerse a sí mismo.

   El Ser, por lo tanto, se auto conoce en la Gnosis.

   El Ser, revaluándose y conociéndose a sí mismo, es la Auto-Gnosis. Indubitablemente, ésta última, en sí misma, es la Gnosis.

   El auto-conocimiento del Ser es un movimiento Supra-racional que depende de Él, que nada tiene que ver con el intelectualismo.

   El abismo que existe entre el Ser y el Yo es infranqueable y, por esto, el Neuma, el Espíritu, se reconoce y este reconocerse es un acto autónomo para el que la razón subjetiva del mamífero intelectual resulta ineficaz, insuficiente, terriblemente pobre.

   Auto-Conocimiento, Auto-Gnosis, implica la aniquilación del Yo como trabajo previo, urgente, impostergable.

   El Yo, el Ego, está compuesto por sumas y restas de elementos subjetivos, inhumanos, bestiales, que incuestionablemente tienen un principio y un fin.

   La Esencia, la Conciencia, embutida, embotellada, enfrascada entre los diversos elementos que constituyen el mí mismo, el Ego, desafortunadamente se procesa dolorosamente en virtud de su propio condicionamiento.
 
   Disolviendo al Yo, la Esencia, la Conciencia, despierta, se ilumina, se libera, entonces deviene como consecuencia o corolario el Auto-Conocimiento, la Auto-Gnosis.
 
   Indubitablemente, la revelación legítima tiene sus basamentos irrefutables, irrebatibles, en la Auto-Gnosis.

   La revelación gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva; excluye radicalmente a las operaciones intelectuales de tipo subjetivo y nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos fundamentalmente sensoriales.
 
   La Inteligencia o Nous en su sentido gnoseológico, si bien es cierto que puede servir de basamento a la Intelección iluminada, se niega rotundamente a caer en el vano intelectualismo.

   Resultan palmarías y evidentes las características ontológicas, pneumáticas y espirituales de Nous (Inteligencia).

   En nombre de la verdad declaro solemnemente que el Ser es la única real existencia, ante cuya transparencia inefable y terriblemente divina eso que llamamos Yo, Ego, mí mismo, sí mismo, es meramente tinieblas exteriores, llanto y crujir de dientes.
 
   La Auto-Gnosis o reconocimiento auto gnóstico del Ser, dada la vertiente antropológica del Neuma o Espíritu, resulta algo decididamente salvador.
 
   Conocerse a sí mismo es haber logrado la identificación con su propio Ser divinal.

   Saberse idéntico con su propio Neuma o Espíritu, experimentar directamente la identificación entre lo conocido y lo cognoscente, es eso que podemos y debemos definir como Autognosis.
 
   Ostensiblemente, esta develación extraordinaria nos invita a morir en sí mismos a fin de que el Ser se manifieste en nosotros.


   Por el contrario, alejarse del Ser, continuar como Ego dentro de la herejía de la separatividad, significa condenarse a la involución sumergida de los Mundos Infiernos.

   Esta reflexión evidente nos conduce al tema de la "libre elección" gnóstica. Incuestionablemente, el gnóstico serio es un elegido a posteriori.
 
   La gnóstica experiencia permite al sincero devoto saberse y autorrealizarse íntegramente.

   Entiéndase por Auto-Realización el armonioso desarrollo de todas las infinitas posibilidades humanas.

   No se trata de datos intelectuales caprichosamente repartidos ni de mera palabrería insustancial de charla ambigua.

   Todo lo que en estos párrafos estamos diciendo tradúzcase como experiencia auténtica, vívida, real.

   No existe en las corrientes gnósticas el dogma de la predeterminación ortodoxa que nos embotellaría lamentablemente en una estrecha concepción de la Deidad antropomórfica.

   Dios en griego es Theos, en latín Deus y en sánscrito Div o Deva, palabra ésta que se traduce como Ángel o Ángeles.

   Aún entre los más conservadores pueblos semíticos, el más antiguo Dios de Luz, El o Ilu, aparece en los primeros capítulos del Génesis en su forma plural sintética de los Elohim.

   Dios no es ningún individuo humano o divino en particular, Dios es Dioses. Él es el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, el Verbo del Evangelio de San Juan, el Logos Creador, Unidad múltiple perfecta.
 
   Auto conocerse y realizarse en el horizonte de las infinitas posibilidades, implica el ingreso o reingreso a la Hueste creadora de los Elohim.
 
   Y ésta es la seguridad del gnóstico, el Ser se le ha descubierto íntegramente y sus esplendores maravillosos destruyen radicalmente toda ilusión.

   La abertura del "Neuma" o Espíritu divino del hombre encierra el total contenido Soteriológico.

   Si se posee la Gnosis de los grandes Misterios arcaicos es porque al dinamismo revelador del Ser algunos hombres muy santos lograron aproximarse debido a su lealtad doctrinaria.

   Sin una previa información sobre Antropología Gnóstica sería algo más que imposible el estudio riguroso de las diversas piezas antropológicas de las culturas azteca, tolteca, maya, egipcia, etc.

   En cuestiones de Antropología profana -dispénsenme la similitud-, si se quiere conocer resultados, déjese en plena libertad a un mono, simio, mico o chango, dentro de un laboratorio y obsérvese el resultado.

   Los Códices mexicanos, Papiros egipcios, Ladrillos asirios, Rollos del Mar Muerto, extraños Pergaminos, así como ciertos Templos antiquísimos, sagrados monolitos, viejos jeroglíficos, pirámides, sepulcros milenarios, etc., ofrecen en su profundidad simbólica un sentido gnóstico que definitivamente escapa a la interpretación literal y que nunca ha tenido un valor explicativo de índole exclusivamente intelectual.

   El racionalismo especulativo, en vez de enriquecer al lenguaje gnóstico, lo empobrece lamentablemente ya que los relatos gnósticos, escritos o alegorizados en cualquier forma artística, se orientan siempre hacia el Ser.
 
   Y es en este interesantísimo lenguaje semi-filosófico y semi-mitológico de la Gnosis en el que se presentan una serie de invariantes extraordinarias, símbolos con fondo esotérico trascendental que en silencio dicen mucho.
Bien saben los Divinos y los humanos que el silencio es la elocuencia de la Sabiduría.

   Los caracteres que especifican claramente al Mito gnóstico y que mutuamente se complementan entre sí son los siguientes:

1. Divinidad Suprema.
2. Emanación y caída PLEROMÁTICA.
3. DEMIURGO Arquitecto.
4. NEUMA en el Mundo.
5. Dualismo.
6. Salvador.
7. Retorno.
 
   La Divinidad Suprema gnóstica es caracterizable como AGNOSTOS THEOS, el Espacio abstracto absoluto. El Dios ignorado o desconocido. La Realidad Una de la cual emanan los Elohim en la aurora de cualquier Creación universal.
 
   Recuérdese que PARANISHPANA es el Summum Bonum, lo Absoluto, y por lo tanto, lo mismo que Paranirvana.
 
   Más tarde, todo cuanto al parecer existe en este Universo vendrá a tener real existencia en el estado de PARANISHPANA.

   Incuestionablemente, las facultades de cognición humana jamás podrían pasar más allá del Imperio Cósmico del Logos Macho-Hembra, del Demiurgo creador, el Ejército de la Voz (el Verbo).
 
   JAH-HOVAH, el PADRE-MADRE secreto de cada uno de nos, es el auténtico JEHOVÁ.

   Jod, como letra hebrea, es el membrum virile (el Principio Masculino).

   Eve, Heve, Eva, lo mismo que Hebe, la Diosa griega de la juventud y la Novia olímpica de Heracles, es el Yoni, el Cáliz divino, el Eterno Femenino.
 
   El divino Rabí de Galilea, en vez de rendir culto al Jehová antropomórfico de la judería, adoró a su divino Macho-Hembra (Jah-Hovah), el Padre- Madre interior.
 
   El Bendito, crucificado en el Monte de las Calaveras, clamó con gran voz diciendo: "-Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu." Ram-Io, Isis, su Divina Madre Kundalini, le acompañó en el Vía-Crucis.

   Todas las Naciones tienen a su primer Dios o Dioses como andróginos. No podía ser de otro modo puesto que consideraban a sus lejanos progenitores primitivos, a sus antecesores de doble sexo, como Seres divinos y Dioses santos, lo mismo que hacen hoy los chinos.
 
   En efecto, la concepción artificiosa de un Jehová antropomórfico, exclusivista, independiente de su misma obra, sentado allá arriba en su trono de tiranía y despotismo, lanzando rayos y truenos contra este triste hormiguero humano, es el resultado de la ignorancia, mera idolatría intelectual.
 
   Esta concepción errónea de la Verdad, desafortunadamente se ha apoderado tanto del filósofo occidental como del religioso afiliado a cualquier secta desprovista completamente de los elementos gnósticos.

   Lo que los gnósticos de todos los tiempos han rechazado no es al Dios desconocido, Uno y siempre presente en la naturaleza, o en la naturaleza "in abscondito", sino al Dios del dogma ortodoxo, a la espantosa deidad vengativa de la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente).

   El Espacio abstracto absoluto, el Dios incognoscible, no es ni un vacío sin límites, ni una plenitud condicionada, sino ambas cosas a la vez.

   El gnóstico Esoterista acepta la revelación como procedente de Seres divinos, las vidas manifestadas, pero jamás de la Vida Una no manifestable.

   La Deidad incognoscible es el Espacio abstracto absoluto, la raíz sin raíz de todo cuanto fue, es o ha de ser.
Esta Causa infinita y eterna hallase, por descontado, desprovista de toda clase de atributos. Es luz negativa, existencia negativa, está fuera del alcance de todo pensamiento o especulación.

   El Mito gnóstico de Valentín, que en forma específica nos muestra a los treinta Aeones pleromáticos surgiendo misteriosos de entre el Espacio abstracto absoluto por emanaciones sucesivas y ordenadas en parejas perfectas, puede y debe servir como arquetipo modelo de un Mito monista que en forma más o menos manifiesta se encuentra presente en todo sistema gnóstico definido.

    Este punto trascendental de la probolé se orienta clásicamente hacia la división ternaria de lo divinal: El Agnostos Theos (el Absoluto), el Demiurgo, el Pro-Padre, etc.

    El mundo divinal, el ámbito glorioso del Pleroma, surgió directamente de la Luz negativa, de la Existencia negativa.

   Finalmente, el Nous, Espíritu o Neuma, contiene en sí mismo infinitas posibilidades susceptibles de desarrollo durante la manifestación.
 
   Entre los límites extraordinarios del Ser y del no Ser de la Filosofía se ha producido la multiplicidad o caída.

   El mito gnóstico de la caída de Sophia (la divina Sabiduría) alegoriza solemnemente a este terrible trastorno en el seno del Pleroma.
 
   El deseo, la fornicación, el querer resaltar como Ego, origina el descalabro y el desorden, produce una obra adulterada que incuestionablemente queda fuera del ámbito divinal aunque en ella quede atrapada la Esencia, el Budhata, el material psíquico de la humana criatura.
 
   El impulso hacia la unidad de la vida libre en su movimiento puede desviarse hacia el Yo, y en la separación, fraguar todo un mundo de amarguras.
 
   La caída del hombre degenerado es el fundamento de la Teología de todas las naciones antiguas.

   Según Filolao, el pitagórico (siglo V antes de J.C.), los filósofos antiguos decían que el material psíquico, la Esencia, estaba enterrada entre el Yo como en una tumba, como castigo por algún pecado.
 
   Platón testimonia también así, que tal era la doctrina de los órficos y que él mismo la profesaba.
 
   El deseo desmedido, el trastrocamiento del régimen de la emanación, conduce al fracaso.
 
   El querer distinguirse como Ego origina siempre el desorden y la caída de cualquier rebelión angélica.

   El Autor del mundo de las formas es, pues, un grupo místico de creadores Macho-Hembras o Dioses dobles como Tláloc, el Dios de las lluvias y de los rayos, y su esposa Chalchiuhtlicue, la de la falda de jade de los panteones maya, azteca, olmeca, zapoteca, etc., etc., etc.
 
   En la palabra ELOJIM (Elohim) encontramos una clave trascendental que nos invita a la reflexión.
 
   Ciertamente, Elojim, con J, se traduce como Dios en las diversas versiones autorizadas y revisadas de la Biblia.
 
   Es un hecho incontrovertible, no solamente desde el punto de vista esotérico sino también lingüístico, que el término Elojim es un nombre femenino con una terminación plural masculina.

   La traducción correcta, "stricto sensu", del nombre Elohim, o mejor dijéramos Elojim, pues en hebreo la H suena como J, es Diosas y Dioses.
 
   "Y el Espíritu de los principios masculino y femenino se cernía sobre la superficie de lo informe y la creación tuvo lugar."
Incuestionablemente, una religión sin Diosas está a mitad del completo ateísmo.
 
   Si queremos de verdad el equilibrio perfecto de la vida anímica debemos rendir culto a Elojim (los Dioses y las Diosas de los antiguos tiempos) y no al Jehová antropomórfico rechazado por el gran Kabir Jesús.
 
   El culto idolátrico del Jehová antropomórfico en vez de a Elojim es ciertamente un poderoso impedimento para el logro de los estados conscientivos supra-normales.

   Los antropólogos gnósticos, en vez de reír escépticos -como los antropólogos profanos- ante las representaciones de Diosas y Dioses de los diversos panteones azteca, maya, olmeca; tolteca, chibcha, druida, egipcio, hindú, caldeo, fenicio, mesopotámico, persa, romano, tibetano, etc., etc., etc., caemos prosternados a los pies de esas Divinidades, porque en ellas reconocemos al Elojim creador del universo. "Quien ríe de lo que desconoce está en el camino de ser idiota."

   La desviación del Demiurgo Creador, la antítesis, lo fatal, es la inclinación hacia el egoísmo, el origen real de tantas amarguras.
 
   Indubitablemente, la conciencia egoica se identifica con Yahvé, el cual, según Saturnino de Antioquia, es un Ángel caído, el genio del mal.
 
   La Esencia, la Conciencia embotellada entre el Ego, se procesa dolorosamente en el tiempo en virtud de su propio condicionamiento.

   La situación, por cierto no muy agradable, repetida incesantemente en los relatos gnósticos del Neuma, sometido cruelmente a las potencias de la ley, al mundo y al abismo, resulta demasiado manifiesta como para insistir aquí sobre ella.
 
   Es evidente la debilidad e impotencia desconcertante del pobre mamífero intelectual, equivocadamente llamado hombre, al querer levantarse del lodo de la tierra sin el auxilio de lo divinal.
 
   Existe por ahí un proverbio vulgar que reza así: "A Dios rogando y con el mazo dando."

   Sólo el Rayo ígneo, imperecedero, encerrado en la sustancia obscura, informe y frígida, puede reducir al Yo psicológico a polvareda cósmica para liberar a la Conciencia, a la Esencia.

   Con palabras ardientes declaramos: Sólo el Hálito divino puede reincorporarnos en la Verdad. Sin embargo, esto sólo es posible a partir de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.

   La posesión específica de la Gnosis va siempre acompañada de cierta actitud de extranjería o extrañeza ante este mundo mayávico ilusorio.
 
   El gnóstico auténtico quiere un cambio definitivo, siente íntimamente los secretos impulsos del Ser y de aquí su angustia, rechazo y embarazo, ante los diversos elementos inhumanos que constituyen al Yo.
 
   Quien anhela perderse en el Ser carga la condena y el espanto ante los horrores del mí mismo.

   Contemplarse como un momento de la totalidad es saberse infinito y rechazar con todas las fuerzas del Ser al egoísmo asqueante de la separatividad.
 
   Dos estados psicológicos se abren ante el gnóstico definido:

A- El del Ser, transparente, cristalino, impersonal, real y verdadero.
B- El del Yo, conjunto de agregados psíquicos personificando defectos cuya sola razón de existir es la ignorancia.

   Yo superior y yo inferior son tan sólo dos secciones de una misma cosa, aspectos distintos del mí mismo, variadas facetas de lo infernal.

   Es, pues, el siniestro, izquierdo y tenebroso Yo superior, medio o inferior, suma, resta y multiplicación continua de agregados psíquicos inhumanos.
El denominado Yo superior es ciertamente una triquiñuela del mí mismo, un ardid intelectual del Ego que busca escapatorias para continuar existiendo, una forma muy sutil de autoengaño.
 
   El Yo es una obra horripilante de muchos tomos, el resultado de innumerables ayeres, un nudo fatal que hay que desatar.
 
   La auto alabanza egoica, el culto al Yo, la sobre estimación del mí mismo, es paranoia, idolatría de la peor especie.

   La Gnosis es revelación o develación, aspiración refinada, sintetismo conceptual, máximos logros.

   Ostensiblemente, tanto en esencia como en accidente, Gnosis y Gracia son identificables fenómeno-lógicamente.

   Sin la Gracia divina, sin el auxilio extraordinario del Hálito sagrado, la Auto-Gnosis, la autorrealización íntima del Ser, resultaría algo más que imposible.

   Auto salvarse es lo indicado y esto exige plena identificación del que salva y de lo que es salvado.

   Lo Divino, que habita en el fondo del alma, la auténtica y legítima facultad cognoscente, aniquila al Ego y absorbe en su PARUSÍA a la Esencia y, en total iluminación, la salva. Este es el tema del Salvator Salvandus.

   El gnóstico que ha sido salvado de las aguas, ha cerrado el ciclo de las amarguras infinitas, ha franqueado el límite que separa al ámbito inefable del Pleroma de las regiones inefables del universo, se ha escapado valientemente del Imperio del Demiurgo porque ha reducido al Ego a polvareda cósmica

   El paso a través de diversos mundos, la aniquilación sucesiva de los elementos inhumanos, afirma esta reincorporación en el sagrado Sol Absoluto y entonces, convertidos en criaturas terriblemente divinas, pasamos más allá del bien y del mal.

 


3.8.11

GNOSIS
"UNA SABIDURÍA INMORTAL"

   El hombre es una combinación de FUERZA, MATERIA Y CONCIENCIA, junto con otras energías agregadas a ésta última y que constituyen lo que se conoce por PSIQUIS; en otras palabras diríamos ESPÍRITU, CUERPO Y ALMA. Estos tres componentes se interrelacionan en cada criatura según su ansia de ser, según su calidad moral, según su nivel de vibración.

   Todo ser en el Universo, sin importar su magnitud, desde un átomo a una galaxia, desde un ser inanimado a otro animado, se mantiene integrado por el Amor Universal en un TODO ABSOLUTO Y ABARCANTE, siendo la ignorancia o ausencia de conocimiento, la que crea la ilusión de separatividad y de inexistencia de un Principio Inteligente, Coherente y Ordenador del Cosmos, Arquitecto de la Creación y al que se supeditan todas las criaturas.

   La MATERIA que constituye su cuerpo físico, es la condensación de los cuatro elementos de la Naturaleza (Fuego, Aire, Agua y Tierra), basamento de la Creación, pues constituyen la síntesis ultima de los elementos minerales, ácidos y de todo complejo vitamínico de cualquier organismo vivo. La matriz es el ÉTER y se organizan ordenadamente en jerarquías de átomos, moléculas, células, tejidos y órganos. Todo regresa a la matriz, de aquí el siguiente axioma: 

“Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir.” 

   La FUERZA o ESPÍRITU, es su SER ÍNTIMO, el Principio Eterno e Inmortal que constituye su Verdadera Realidad, su DIVINIDAD INDIVIDUAL o INDIVIDUALI DAD SAGRADA.

   La FUERZA pasa al mundo de la manifestación cósmica desdoblada en tres Principios Eternos. La Ciencia los ha llamado positivo, negativo y neutro. La Religión, Padre, Hijo y Espíritu Santo o Brahma, Vishnu y Shiva o Osiris, Isis y Horus o Ometecuhtli, Omecihuatl y Quetzalcoatl o Inti, Pachamama y Viracocha o... distintas terminologías para nombrar lo mismo. Y la Filosofía, El PRINCIPIO DE SABIDURÍA UNIVERSAL, EL PRINCIPIO DEL AMOR UNIVERSAL y EL PRINCIPIO DE PODER UNIVERSAL. Pero por la limitada capacidad de concebirlos el entendimiento humano, sólo puede aprehender derivados o modulaciones.

   Así como el viento modulado por una flauta, se convierte en música, así la Sabiduría modulada por la particularidad de un ser humano en el diario vivir, lo hace en Comprensión y Experiencia. Del mismo modo el Amor modulado por el sufrimiento trascendido y sublimado, se transforma en Sentimiento. De igual forma, la modulación del Principio Poder por los esfuerzos en la vida se hace Voluntad.

   Como nexo de unión del ESPÍRITU y el CUERPO, lo que llamamos ALMA o PSIQUIS, que es un compendio de las virtudes más valoradas en un ser humano, debe cristalizar inteligentemente de acuerdo a los impulsos secretos del Ser Interno. Algunas de estas virtudes son la filantropía, la caridad, la constancia, la abnegación, el honor, la honradez, la valentía, la fe, la paz, la paciencia, la esperanza, la compasión, la humildad, la diligencia, la mística, la castidad, la templanza, etc. Todas ellas, o bien sus antítesis, originan las actividades psicológicas naturales de la conducta humana, tales como la conciencia, la voluntad, el pensamiento, la emoción, anhelos, inquietudes, etc., así como las sobrenaturales, que desde remotos tiempos fueron catalogadas de facultades, virtudes, poderes, atributos mágicos o sencillamente de milagros, tales como la clarividencia, la telepatía, la intuición, alta magia, hipersensibilidad psíquica, levitación, poder de curación, mantenimiento de la longevidad o Elixir de la Juventud, etc.

   El ALMA o PSIQUIS (aunque no son exactamente lo mismo), más o menos enrarecida o densa según cada individuo, debe integrar el CUERPO ESPÍRITU. Esta PSIQUIS se manifiesta en el plano humano bajo tres aspectos bien diferenciados; estos son:

   La Esencia, una fracción del ALMA que se encarna en todo ser que nace a la vida, que le da hermosura, candidez, naturalidad, haciendo bello y adorable todo niño recién nacido. La Esencia constituye en sí misma su verdadera realidad, su luz, el reflejo humano de lo que sería el SER o ESPIRITU y contiene todos los datos necesarios para la Auto-Realización íntima del Ser. A medida que se desarrolla y potencia la Esencia nos confiere belleza interior, de tal belleza emana la felicidad perfecta y el verdadero amor, pues posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes. Pero la Esencia sólo puede desarrollarse a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios dirigidos intencionalmente a tal fin.

   El Ego o Yo, un nudo que frena y entorpece la emanación fluídica de la corriente del SER hacia la MATERIA, robando su Luz a la Esencia, embotellándola y volviéndola inactiva, impotente e inoperante. El Ego es múltiple en su constitución; está agregado a la Esencia, contrario en su idiosincrasia a la misma, es decir, representa el egoísmo, el odio, la violencia, la soberbia, la lujuria, la envidia, la avaricia, la pereza, etc., por lo que es el reflejo de todos los defectos psicológicos humanos, complejos, traumas, abusos, fobias, vicios, angustias, depresiones, conflictos, preocupaciones, etc. Es el verdadero artífice de todas las lacras sociales, sufrimientos, infelicidad, enfermedades, problemas, hambres, guerras, etc. El ego debe ser disuelto, previa comprensión del mismo, para que la Esencia despierte, se ilumine y quede en total libertad para regresar al seno del Ser.

   La Personalidad es un vehículo a través del cual se puede expresar el Ego o la Esencia; un conjunto de valores energéticos educacionales, implantados en un individuo en parte por la herencia genética y en parte por el entorno social, cultural, familiar, laboral, histórico, geográfico e incluso medioambiental. En la Esencia tenemos lo que es propio, natural, espontáneo; en la Personalidad lo que es prestado, aprendido, educado.

    La Esencia es inmortal. El Ego, tuvo un principio y tendrá su fin, aunque perdure en el tiempo. La Personalidad, es efímera, sólo sirve para el tiempo de una existencia.

   La aparición del ser humano sobre el tapete de la existencia (no importa la edad cronológica), no tiene más finalidad que tomar conciencia de su particularidad íntima, como un principio cósmico y universal que debe integrarse con la Gran Inteligencia de Vida Universal. Para ello viene al mundo que es la escuela en donde aprende en unas circunstancias especificas (familiares, sociales, laborales, medio-ambientales y sobre todo íntimas) que la vida es ilusoria, de aquí que sus grandes aspiraciones han sido desde siempre alcanzar la libertad, la felicidad, el poder, la sabiduría, el amor, el bienestar, la Paz, etc., nobles anhelos del ALMA que al verse privada de ellos padece frustración, dolor físico y moral, insatisfacción, desasosiego, fracaso, amargura, etc.

   Por todo ello el ser humano ha buscado desde siempre un Conocimiento que le de una explicación clara y convincente, que le colme de satisfacción hasta los niveles más profundos de su íntima psicología. Un Conocimiento que venga a unir en él, lo que conoce, con lo que desea conocer y con lo que él es en realidad. Que le abra las puertas de los misterios de la Naturaleza y el Universo. “HOMO GNOSCE TE IPSUM”. Hombre conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a Dios.

   La Filosofía, el Arte, la Religión, la Ciencia, la Antropología, la Psicología, el Esoterismo etc., han despertado numerosas inquietudes, pero no han servido para descubrir una Sabiduría Esencial, que está más allá del razonamiento intelectivo...

   Esta Sabiduría es la GNOSIS de los Grandes Misterios arcaicos de las escuelas iniciáticas del Tíbet, la India, Caldea, Babilonia, Egipto, Grecia, Perú, Bolivia, México, etc. El Conocimiento Revelador de la Verdad que está oculta a los sentidos y que sólo se transmitía en forma muy hermética a discípulos maduros espiritualmente después de cierto adoctrinamiento en las escuelas de los misterios que llevan su nombre, como Heliópolis, Osiris, lsis, Apolo, Efeso, Samotracia, Eleusis, Quetzalcoatl, Huiracocha, etc.

   Cuando hablamos de Conocimiento Gnóstico, no debe entenderse como una mera información sobre materias exóticas que vengan a satisfacer la curiosidad intelectual, sino a la expresión de algo real, tangible y evidente como es el caminar, el respirar, el sentir, el pensar. Es el llegar a conocer las causas de toda acción interna o externa al ser humano, a través de la introspección y sin más instrumentos que la propia conciencia...

   Amable lector, la Iniciación en este Conocimiento, está más allá de toda creencia o aceptación de una ideología religiosa o filosófica; es el reconocimiento de algo grandioso y eterno que siempre estuvo presente en ti pero que ignoraste durante mucho tiempo porque tu conciencia se durmió. “TU MISMO”.

   No es un acto de conversión, ni de simple Fe, es el renacimiento a una nueva conciencia que otorga a quién la alcanza sabiduría, amor, magia, poder, una visión de si mismo y de las cosas que nos rodean radicalmente distinta...

   Por lo tanto no es patrimonio de ninguna escuela filosófica o religiosa, ni de ningún grupo sectario, sino que es patrimonio del Alma, así que no lo podemos hacer coincidir con ninguna tendencia espiritualista...

   Reflexiona, amable lector, por un momento sobre esto:
  Más allá de tu persona y de tu cuerpo, ¿qué eres en realidad? ¿De donde vienes? ¿A dónde vas?... ¿Por qué te ocurren ciertas cosas que no aciertas a comprender del todo en tu ámbito familiar, personal, social, aunque muchas veces culpes a los demás de lo que ocurre? Parece como sí la vida te hubiera elegido a ti precisamente para ser más feliz que nadie unas veces y otras más desgraciado o desgraciada que nadie. ¿No sabes que eso nos ocurre a todos sin excepción en la intimidad profunda? No todos tienen el valor de aceptar todo esto y menos son aún los que son conscientes de ello y de sus causas.

   ¿Por qué sufres muchas veces en el silencio de tu soledad, aunque tu naturaleza interior te lleve a olvidar pronto…?
Al final de todo... ¿acaso tus esfuerzos físicos y psíquicos no van encaminados a adquirir mayor felicidad, poder y bienestar…? Pero sinceramente, ¿qué has conseguido hasta ahora, seas rico o pobre, creyente o ateo, culto o inculto, hombre o mujer...?

   Con toda generosidad podemos decir que mientras no dirijamos nuestros esfuerzos y atención hacia el interior de nosotros mismos, estamos malgastando nuestra vida en cosas vanas que no perduran en el tiempo. Recuerda: “HOMO GNOSCE TE IPSUM”.

   La vida nos enseña que venimos desnudos y nos vamos desnudos. En el fondo y a la hora de la verdad sólo nos tenernos a sí mismos. “Toma conciencia de esto, y que la ilusión de que tienes pertenencias, no te haga olvidar lo que eres y donde estás en cada paso que das en tu desarrollo, porque la ilusión trae aparejada la desilusión como principio dualista de la existencia. No olvides que la muerte es el depósito de la vida así como el reposo lo es de la actividad, ambas tienen su punto de contacto en el silencioso tronar de la SABIDURIA INMORTAL”.